Diario del Pez

Miércoles 17 de Enero

Caminé, caminé, caminé. Llegué a un punto. Respiré el aroma del lugar. Di unos cuantos pasos al este, varios al oeste. 

Giré a través de las horas. 

Una brújula desorientada marcó mis pasos durante la mañana. 

Dejando a un costado la engañosa aguja, miré las nubes buscando razones para un nuevo día.  

El almuerzo reubicó el cielo, pintándolo de verde y naranja. 

Ahora vuelo. 

Planeo.

El aire que recorre mis alas, me hace sentir que valió la pena el intento. 

Sobre ciudades y horizontes nuevos, recorro los sonidos que se presentan apaciguando mi llegada. 

Quiero ahondar en los ritmos del sendero. 

Nacer y morir en el lago de una caricia.  

Quiero llevar conmigo cada pigmento de las hojas, en las que reposo a la sombra. 

En la tarde, el runrunear de los autos paracen bestias salvajes de plateada vestidura. 

Brillos. Celestes, violetas y dorados. 

Riscos, de los cuales se agolpan parloteantes hormigas. 

Quiero regresar, y llevarme conmigo. 

Llevame viento, al ocaso contigo. 

Un vuelo. 

Regreso.

Con las cuencas de los ojos llenas de sabores.

Un nido me espera, a la vuelta de los días felices. 

Anochece. 

Camino, un paso, un aleteo, otro paso. 

Regreso. 

Luces en el oscuro firmamento. 

Anochece.  

Acomodo mi cama con las hojitas mas cálidas  y aromáticas que encontré.  

Un paso, un aleteo. 

Otro nuevo día, 

a la vuelta de unas horas felices. 


Pez Interestelar

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